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Se secan las hojas en invierno y sólo podemos detenernos a pensar cómo será ese mismo montón de ramas resecas, ese espacio vacío dejado por el reverdecer de la primavera y podemos, frente a ello, recordar o esperar pues algunas cosas, sólo algunas, requieren de paciencia y pasividad.

Paciencia y pasividad

Paciencia y pasividad

27/366

En algunos sitios lo encienden para felicitar a un artista, en otros lo necesitan para cocinar y en otros algunas personas tragan humo después de utilizarlo. A mi me gusta simplemente porque ilumina un poco en la noche y su permanencia es proporcionalmente inversa a la fuerza del viento.

Llamarada en la noche

Llamarada en la noche

26/366

Un hombre se aleja, solitario y pensativo mientras el cigarrillo deja escapar humo y sus manos se hunden en los bolsillos tanto como su mente en pensamientos que intentan escapar del invierno en blanco y negro y se repite con su tono de filósofo porteño: “yo nunca me voy, yo siempre estoy llegando pues el que viene no es el mismo jamás”.

El caminante solitario

El caminante solitario

 

25/366

Por estos días de invierno estoy lleno de mocos, hay algo que araña en la garganta y la voz se contrae producto de que alguien en un ascensor, en el bus o en cualquier parte de la calle soltó un poco de bichitos para que me dé una típica enfermedad de invierno. Pero como no me gusta enfermarme (y casi nunca lo hago) he decidido volver a mis pastillitas argentinas. El peculiar nombre no es porque vengan importadas desde el país del asado y el tango, sino por su color que hace, creo yo, que pensemos que allá en el sur ahora hace calor y no hay mocos ni enfermedades de bufandas.

Pastillas argentinas

Pastillas argentinas

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A veces no entiendo muy bien porqué, pero allí están apareciendo en la ciudad en forma de colores, rayas, dibujos o simplemente puntos amarillos.
“Para decoración, los cuadros”, diría un amigo mío diseñador que defendía (y creo que lo sigue haciendo) la utilidad práctica del diseño y cada vez que veo algo que no entiendo, como puntos amarillos en un vidrio, me detengo a pensar para qué servirán y mientras encuentro la respuesta hago una imagen para no olvidarme del diseño y lo útil qué resulta para que, al menos, yo piense un instante.

23/366

Una de las tantas cosas que Miri hace bien y para lo que tiene una mano formidable es para las galletas. Un humano cualquiera puede pensar que hay dos, tres o incluso cuatro tipo de galletas; pero Miri es una experta. Como un catador de vino prueba la textura, el sabor, la granulidad, densidad del azúcar e incluso el envoltorio de las galletas que se compran por ahí.

Sin embargo lo que más destaca en ella es su exquisito gusto a la hora de preparar sus propias galletas y tan sólo alcanza con que se le indique de qué quiere uno las galletas que allí van sus deditos ágiles, amasan lo suficiente y todas caminan al horno despidiendo un aroma tan agradable que, en este preciso momento, debo dejar de escribir porque la realidad supera a una simple imagen.

Galletas en manos de Miri

Galletas en plena amasada

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“Traigan el vino mas fino, traiganlo aca. Que mi pueblo esta callado, y es hora que empiece a hablar. Denle vino, y vino bueno,y ha de gritar su verdad. Y ha de cantar para el mundo, su canto de libertad”, dice una vieja canción que recuerdo a veces cuando veo una botella de vino. Y otras veces, como ahora, recuerdo a los amigos, a las navidades a que la botella llegó como un regalito bajo de árbol de César y Nuria y que un domingo cualquiera, en honor a la amistad, le quitaremos el corcho al tinto que llegó paseando desde la tierra infinita para posarse en nuestra mesa y disfrutar.

Vino

Antes de soltar la magia

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Se revolcaron en el dulce, se rodearon de sabores exquisitos y se dejaron apreciar por lenguas y paladares. Agotadas, ahora, descansan añorando momentos con un ritmo entretenido; descansan ahora esperando un baño para volver a comenzar en el placer de la degustación.

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Notodos los días se tiene el tiempo suficiente. No todos los días se disfruta del placer de la lectura como corresponde y a veces nos conformamos con pasar páginas a una velocidad tan vertiginosa que asustaaunque nos hace prometer que al día siguiente todo será mucho más calmado.

Lectura veloz

Lectura veloz

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A algunos no les gusta, otros creen que es un gran paso mientras que yo aprovecho para disfrutar de las tartas de los vecinos cumpleañeros

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