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El día que viajamos con cerdos

Una cerdada

Mi mamá es una de las personas con mayor espíritu comercial que he visto en mi vida. Si no vestía a mujeres incursionaba en la gastronomía, en el diseño de vestuario, frutas, o compra y venta de… animales. Pero para que todos sus hijos guarden un buen recuerdo no compraba y vendía caballitos, perros de raza o gallinas. A mi madre se le dio por el mercado porcino a pequeña escala.
Cuando Arol era arolito viajaba, con su mamá y sus hermanos, al campo a visitar a sus abuelos. Se metían todos en una camioneta y los más afortunados iban delante, los salvajes nos metíamos en la caja trasera y allí andábamos dando saltos y relinchos. En uno de esos viajes mi madre decidió detenerse en un campo que no conocía y preguntar por unos cerdos pequeños que había, pregunto cuanto crecían, cuanto median, el peso y finalmente el precio; momento en el cual apareció nuestra mejor cara de espanto: Teníamos que compartir nuestro transporte con unos cerditos.
Mi madre, convencida de que ese sería un buen negocio no optó por uno, dos o tres marranitos; apostó todo a unos 15. Después de enfadarnos un poco les amarramos sus patitas y los subimos a la camioneta, donde pudimos nos metimos nosotros y comenzamos la marcha.
Después de aquel primer viaje llegue a la conclusión que el cerdo es uno de los mejores animales para viajar, no hace ruido, no se mueve (y mucho menos si tiene las patas amarradas) y entra en una tranquilidad propia del Tibet. Sin embargo tienen un pequeñito problema: No saben ir al baño y les da ganas justo justo cuando el vehículo emprende su marcha soltando unos pumpunes feísimos.
Por eso el consejo es: si viajan con cerdos, escojan la parte delantera de la camioneta.

Historias de los sábados

Blablablabla

Blablablabla

Es sin querer, lo prometo que es sin querer, pero como si se tratara de un poder mucho más fuerte que yo que llega desde el más allá, cuando estamos desayunando con Miri todos los sábados, aparece en mi mente el recuerdo de mi infancia.
A veces es una historia con mi madre, otras veces es la historia con mis abuelos, o simplemente alguna anécdota de Arol en versión diminuta.
Miri, sábado a sábado tiene (yo creo que le gusta un poco) que escuchar cada una de las andadas arolianas o de lo que se vivia en lugares calurosos a los que no quiere ir en verano. Pero estoy seguro que un desayuno sabaderil sin una historia de infancia, no será un desayuno en casa.
Todo esto cuento porque, si os encontráis con una historia de la niñez, seguramente, fue contada uno de estos fines de semana de extensos desayunos.

Niñetes abrigados

Abrigado hasta la lengua

Abrigado hasta la lengua

Cuando llega el invierno me doy cuenta que los niños no sufren de frío, sufren de madre. Y es que los pobres mediometros con piernas quieren andar libres, pero ¡no! no es posible porque tienen una señora en casa que lo primero que les dice es “si no te abrigas no sales a la calle”. Así que allí comienza la travesía abriguística.

El pequeño agarra un jersey y se lo pone con cara de morder a alguien, pero la madre llega y se lo quita para vestirlo como el frío manda:

Comienza con dos calcetines finos debajo de los calcetines gruesos; sigue con dos camisetas, porque insiste en que con una no alcanza y menos si encima lo forran con dos jersey, una chaqueta por si llueve, la bufanda de la abuela que deja ver los ojos y un gorro con pompón para reconocerlo.

Conclusión: el niño sale tan lleno de ropa con una rigidez que más que un pequeñejo parece la estrella del arbolito de navidad, muy propicio para la época.

Números primos y familiares


El nombre siempre me resultó extraño porque me hablaba de una familia y yo he buscado a los otros parientecillos de esta gente pero hasta el momento no encontré nada.
Miren que si hay un número primo, pensaba yo, también tiene que haber un número hermanín y por qué no una mamá de los números y alguna tía culona numérica. Así que se me dio por buscar en libros matemáticos y de numereses si es que podía completar a la family-num pero no hubo caso.
Y además me pregunto si es que los números decimales son hijitos o qué. Pero si son hijos o lo que sea deben ser un tanto maleducadísimos así que mejor le cambiamos el nombre a números decibienes.
Así es que creo que el mundo aun está a tiempo de que estos primitos, pobrecillos ellos, no queden huerfanitos ni solos y tal vez podemos crear a una familia. El mundo, imagino, está en deuda con los cosos estos y por eso debe crear una familia como la que sigue (el orden de los números no altera el resultado familiar eh)

0: Hermana (es la hermana que va a comenzar la dieta el lunes)
1: Tío (Siempre hay uno que es medio flacuchento)
3: Prima (Esta es esa prima a la que le echábamos el ojo ¿por qué? Mirad la delantera que tiene!!!!… y la trasera, depende desde dónde se mira)
4: Sobrino (Cuando nace parece bonito, pero cuando ya van por los 12 o 13 años se ponen así, narigonotes y feos los desgraciaos)
5: Cuñada (¿que no es la cuñada? Pues mírenle la barrigota que le hizo nuestro hermano… y encima es un número compuesto porque viene con chavalín adentro)
6: Mamá (La pobre ya anda encorvada de tanto trabajar y con una barriga de tanto comer)
7: Papá (No sé por qué pero a veces hay un papá en las familias así que le ha tocado el 7 nomás)
9: Hermano (¿Habéis visto que siempre hay un hermano cabezón?)

8: Muñeco de nieve (No es de la familia, pero miren qué muñequito hemos creado eh!)

Frases de mi abuela


Hoy me acordé de mi abuela (sí, sí, tenía una) y me acordé de algunas frases y después, como siempre, le puse alas a lo que me queda de cabeza y volé con las frases de abuela, frases de mamases y frases típicas y no tan típicas pero que las escribo para no olvidarme.

Ponte calzoncillo nuevo por si tienes un accidente en la calle. (Mi abuela a quien no le importaba si me chocaban, la cosa era que muestre tanto el culo con dignidad)

Tomate la sopa que sino llamo al viejo. (Pero si el viejo es mi abuelo, es decir tu esposo y además… tampoco quiere tomarse esta porquería)

Sopla, sopla que desde que soplar está de moda nadie se ha quemado. (Mi abuela cuando era chiquito para que yo haga fuuuu fuuu en la sopa)

Dura menos que un pedo en un canasto. (Mi abuelo que no sé cuándo puso un pedo en una canasta, pero hice la prueba y… no dura nada)

Corta un pedo en el aire. (Mi abuelo después de afilar un cuchillo. No es una frase genial, pero el tipo estaba metido con los gases)

Cuídate, que no pase nada. (Mi madre que tal vez creía que yo era un niño que deseaba que lo atropellen, roben o algo)

Que te diviertas. (Mi madre cuando iba a alguna parranda. A las 8 de la mañana me despertaba viendo una ventana que no conocía al lado de una niña que no recordaba y pensaba “que suerte que me dio ese consejo, sino la iba a pasar mal”)

¿Quién te viste? ¿El sastre de Tarzán? (Mi abuela criticando las falditas de mi hermana)

Cuando yo tenía tu edad era el primero de mi clase. (Mi papá. Claro y a tu edad San Martín cruzó Los Andes a caballo)

Mira que estás grande… y eras tan chiquitito. (Mi abuela que pensaba que éramos vecinos de los jíbaros)

Bueno, me voy a ir yendo. (Esas sí que son frases insistentes. Ya sabemos: te vas)

Hay que ducharse que es gratis. (Mi madre que, imagino, si cobraban no se bañaría nunca)

Hay que hacer amigos hasta en el infierno. (Mi abuela que no sabía que todos mis amigos o venían o iban para ahí)

Mientras más llores, menos meas. (Las cosas que decía mi abuela para que me calle.