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30.000 kilómetros de viaje

Madrid, Buenos Aires, Chaco, Paraguay, Cataratas del Iguazú, Sao Paulo, Montevideo, Buenos Aires, Madrid. Cuatro países, 29.300 kilómetros, la avenida más ancha del mundo, el río más ancho del mundo, la capital más poblada de Sudamérica, una de las cascadas más importantes del planeta. En resumen, ese es el viaje que acabamos de comenzar con Miri y que tiene por objetivo no sólo volver a pisar mi país celeste y blanco, sino visitar a mi familia y de paso conocer rincones lejanos y atractivos.
Este viaje tiene dos significados importantes: es el periplo más largo que haremos, descubriremos lugares tan atractivos como extraños; pero a la vez podré ver a mi familia y a un gran puñado de amigos.
En Buenos Aires bailaremos tango, en el Chaco veremos selva; en Paraguay conoceremos a los indios guaraníes, en la frontera entre Brasil y Argentina nos mojaremos con el agua de las Cataratas del Iguazú, en Sao Paulo veremos cómo es vivir en una ciudad de 16 millones de habitantes y en Montevideo nos daremos cuenta que Uruguay se parece pero no es un trozo argentino.
El viaje acaba de comenzar y con el paso de los 21 días de recorrido entregaremos algunos detalles de cómo nos lo estamos pasando que, a fin de cuentas, son nuestra primeras y verdaderas vacaciones.

La pequeña Venecia, un rincón que pocos conocen

Pequeña Venecia

La Pequeña Venecia en el distrito de de Mida Vale

London Eye, Big Ben, Buckingham Palace, el Puente de Londres son lugares típicos que se encuentran en toda guía y que cualquiera que se haya dado una vuelta por la ciudad habrá visto, sin embargo hay algunos rincones que suelen ser un pequeño secreto.
Después de habernos perdido para conocer un poco más y acumular así 60 kilómetros a pie recorriendo Londres de punta a punta es imposible no encontrarte con lugares que no aparecían en el mapa y de los que nadie te habló jamás.
Mientras los pies se movían y los oídos percibían una música, a lo lejos nuestros ojos consiguieron divisar agua, fue así que llegamos a lo que se conoce como “La Pequeña Venecia”. Se trata de un rincón de apenas una milla cuadrada que le da su principal característica al distrito de Mida Vale, una de las zonas residenciales más exclusivas de Londres.
En esta intersección de varios canales las casas un tanto costosas se alternan con restaurantes, cafés y… casas-barcos, una singular y bohemia forma de vivir que se puso de moda en los últimos años transformando las embarcaciones de mercancías como lugar de residencia.
La zona podría recorrerse en barco o bien caminando por la vera del canal Regent destinando no más de una hora para llegar desde el distrito de Mida Vale hasta Candem Market, aunque si queréis destinar algunos minutos más podéis visitar el London Canal Museum para que os cuenten allí que el lugar le debe el nombre de Pequeña Venecia al poeta Robert Browning quien habrá sido muy poeta pero no era muy original con los nombres.

Las vistas de Chris Potter

El banco donde se sentaba Chris Potter

Este es el banco en el que se sentaba Chris Potter

En noviembre de 1971 en un día que no conozco en Liverpool nació Chris Potter. Podría estar hablando del actor o del saxofonista de jazz, pero no se trata de ninguno de ellos, sino de una completa desconocida.
A Chris, como cuentan sus amigos, le gustaba viajar, supe que fue a ver el Taj Majal, paseado en camello y subido a unos vacas en la India. Le gustaba el teatro, el cine y su equipo de fútbol, el Liverpool FC. También, según la recuerdan, era una persona que no se doblegaba, que decía lo que pensaba y que pese a muchas dificultades mantenía la sonrisa.
Pero, como os estáis imaginando, no todo es felicidad. El 24 de agosto de 2007 y después de haber luchado contra el cáncer, a los 35 años Chris falleció.
Yo no la conocí, pero gracias a los recuerdos de sus amigos que han grabado su nombre en un banco y gracias a Miri que conocía la placa he podido disfrutar de una de las mejores vistas de Londres, la vista de Londres que más le gustaba a Chris Potter: un banco tranquilo junto al Támesis, detrás del St Thomas Hospital y frente al Westminster Bridge y al Victoria Tower que me hace pensar que habrá vivido tan sólo 35 años pero disfrutó el aire que respiró.

Vista de Chris

Esta es la vista junto al Támesis

Camden Town, la imagen más excéntrica de Londres

Entrar en Candem Town

Entrada a una de las zonas más entretenidas de Londres

Pisar por primera vez Londres nos puede parecer estar en una ciudad más de Europa, a simple vista sus edificaciones no sobresalen por rarezas, el clima es similar a otros lugares y, excepto porque el conductor va a la derecha, hasta los vehículos se parecen. Por ello, si es la primera vez que se visita la capital de Inglaterra  es aconsejable utilizar el barrio de Camden Town como uno de los puntos de partidas.
Se amontonan las tiendas de camisetas típicas de la ciudad, recuerdos y mucha vida alternativa junto con los personajes más pintorescos londinenses que se pueden ver en cualquier revista. Desprovistos de tapujos por su vestimenta, ajenos a mirar al vecino y concentrados en su estética, en Camden Town es posible encontrar al joven de pelos de punta que recuerda a The Clash, a los rastas jamaicanos o a alguna morena fashion cuyo único interés es que su ipod no se quede sin batería.
Recorrer el barrio no requiere mucho tiempo por su tamaño aunque sí lo necesita por lo que tenemos que ver en sus rincones atestados de puestos callejeros, gente que difícilmente sobrepase los 30, música de todo tipo y color, comida tan variada que recuerda a las sillas de la ONU y la filosofía principal: aquí lo que importa es la estética aun cuando después nadie mire al que tiene al lado.

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Una excusa llamada Shakespeare & Co

 

Libros atiborrados en un rincón de París

Me gustan las librerías. Recuerdo librerías preciosas y gigantes como la librería Santa Fe en Buenos Aires,la librería teatral de Madrid o la vieja librería De la Paz a la que iba cuando era pequeño y tenía libros atiborrados en los estantes.

En esa lista debería incluir, a partir de ahora Shakespeare & Co, en el corazón del nocturno barrio de Saint Michele en París. Entras por una puerta estrecha, te aparician papeles pegados en las paredes y te encuentras con alguno de los dos dependientes. Saludas y pasas a hacer casi cualquier cosa.

Los libros se amontonan en estantes infinitos y sueltan olor a papel viejo e interesante. Algunos se sientan a leer, otros hacen fotografías y otros simplemente recorren sus estrechas dos plantas en busca de imágenes que guardarse en su memoria de uno de los
lugares más míticos y sorprendentes de París.

Mientras esperamos para pagar el par de libro que compramos llega una ancianita pidiendo que le sirvan algo de comer, el dependiente le explica que es una librería y finalmente, con ternura de nieto le hace un té.

El mundo sigue girando, la abuelita sigue creyendo que aquel lugar es una cafetería, la librería sigue anclada en el tiempo ofreciendo refugio a las mas desoladas y curiosas que la descubren y yo seguiré pensando que esta librería es una excusa que alguien se puso para ser feliz.

La mejor manera de ver la Torre Eiffel

 

La Torre Eiffel desde el río Sena

“Gírate, cierra los ojos y cógeme de la mano, porque vas a caminar de espalda”. Con esas palabras Miri me introdujo en la guía para turistas ciegos. Me hizo subir y bajar escaleras, esquivar a algunos vendedores de calle y después de unos minutos me detuvo. “Ahora -me dijo mientras me pedía que mantwnga los ojos cerrados- te vas a girar y vas a abrir los ojos”. Sin dudarlo y con la intriga salpicándolo todo le hice caso para darme cuenta que el resultado era algo bellísimo e inconmensurable. Tenía frente a mi, como
aparecida de la nada el símbolo más representativo de Francia: La Torre Eiffel.

A las 8 de la noche era una silueta de luces con un fondo gris frío que realzaba su belleza e invitaba a pensar todas las veces que la vimos como algoejano. Para quien vivió en un país que se encuentra a 12 mil kilómetros encontarte con un trozo de libro hecho realidad tiene un valor incalculable que, se potencian aun más, cuando la manera de descubrirlo es original.

Contrastes

En París el Metro no expulsa a la gente. Los he visto esperando el horario de cierre para acostarse y esconderse del frío. La mayoría de las personas que viven ena calle llevan un saco de dormir, al parecer entregado por el Estado, lo cual evita que, literalmente, se mueran de frío.

En Bangladesh el 40 por ciento de los niños vive en la calle, la policía los corren de las estaciones de tren, sufren robos, violaciones y ultrajes de todo tipo.

 

Metro de París

El Metro de París, un lugar para refugiarse