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Deseos, emociones y palabras


Seis veces mis dedos navegaron por esta línea antes de lanzar la primera idea que aun deambula en mi cerebro y no consigue salir a sabiendas que la emoción, las lágrimas y la alegría la retienen. Poco puede hacer la inspiración frente a las mejillas acariciadas por un hilo húmedo.
Deseo el golpe en la puerta con la sonrisa que se desdibuja frente al beso sempiterno.
Deseo la mirada interrogativa bajo las cejas enarcadas que esperan respuestas que creo no tener.
Deseo abrazo.
Deseo palabras.
Deseo…
Han pasado dos meses y, debo confesarlo, escribir no se presenta como una tarea sencilla en este momento. Han pasado dos meses y en ellos he vivido lo más emocionante de mi carrera como ser humano. Han pasado dos meses y siento alegría por los 70 años quedan por delante. Han pasado dos meses y las letras se han transformado en una gota que se suspende en el aire mientras sonrío de felicidad.
Si el sentimiento pudiera, como lo ha hecho en otras oportunidades, convertirse en palabra, estos serían los párrafos más destacables de mi ignota carrera como escritor. Pero hoy no es el día.
Hoy es el día en que disfruto de lo vivido, planifico el futuro y, sobre todo, me enamoro de la ternura y la inteligencia hecha persona.

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Morir para volver a nacer


La noticia llega como una bomba en el periódico. Atrás dejamos las secciones política y económica; atrás queda el mundo por un instante frente a ese rostro de arrugas y bigote blanquecino que aparece en una fotografía y que nos recuerda que poco había aparecido en los matutinos porque su vida era de letras enteras.
Hay personas, estoy convencido de ello, que se mueren para volver a nacer. Hay personas que trascendieron tanto que no se les permite fallecer y que, a modo de consuelo, solamente le está permitido dejar descansando a un cuerpo que ya no les pertenece. Son esas mismas personas las que, sin saberlo, se han construido su propia inmortalidad.
Hoy, seguramente, serán más los que hablen de él que los que lo hayan leído. Hoy, nuevamente, sus escritos estarán plasmados en páginas de periódicos que necesitaron que se muera para darle un espacio. Así de injusto es el mundo y así de valiente es el artista que desafía al destino y arremete contra la tradición vulgar de vivir dando espacio a lo intrascendente.
La tristeza que inunda el alma se exclama en la mirada. La pena es una gota emergiendo de los ojos y la frustración ante la pérdida se consuela, o al menos debería hacerlo, pensando que, hoy, Mario Benedetti ha vuelto a nacer.