oooommmmm


Y ahí estaba, me levanté media hora más tarde de lo que tenía que levantarme, así que ahí andaba corriendo y yendo a la ducha; pero ningún problema… Lara la la, ra ra lala, cantaba yo un poco entusiasmado porque trataba de aplicar todo lo que me metieron en la cabeza un día antes sobre el pensamiento positivo.

Lento pa el aprendizaje me quedaba en la cabeza el adoctrinamiento tipo pastor evangélico que me hizo una amiga la tarde anterior (vendita seas tu romi entre todas las bestias) con esas ideas de osho, el Kundalini y ommm, todo va a salir bien… ommm, todo andará bien, Ferro volverá a Primera A… los trámites andarán bien… ommm Charly tomará las pastillitas que tiene que tomar… ommm piensa en positivo ommm

Entonces me metí en la ducha. No importaba si era jueves y ya había hecho trámites el lunes, martes y miércoles, este iba a ser el último día. Agua calentita en la ducha, y comencé a afeitarme (sí, me afeito en la ducha sin espejo) hasta que me di cuenta que la maquinita no tenía un puto filo y me quedaba la cara como si le hubiese pasado un rastrillo. No importó, seguí con el ommmm hasta que zas, se apagó el calefont y aajjjj, agua fría y bien fría que me hizo tiritar (no ese frío berlinesco vero, pero frío en fin) así que a como dé lugar terminé rápido arrugado como cuello de tortuga y salí.

Desayuno rápido, corrida al Metro y metido como sardina en esa lata atestada de gente con menos suerte que yo. Y ahí fue el arol hasta Policía Internacional para hacer el último trámite antes de ir al Registro Civil a renovar la cédula chilena que le dan a los que se les ocurrió nacer en otros lugares.

– Pasaporte – me dice una chica con cara McDonalds

– Aquí tiene

– OK, su cédula

– Ehhh, ya le paso, ya le paso. ¿Y dónde mier-d-a está mi cédula?

– Búsquela tranquilo

– Eso quisiera, pero no la encuentro y se me están parando los pelos que no tengo.

– Es que si no tiene la cédula…

– Ya sé, ya sé. Espéreme.

No la encontré, revolví todo y no encontré la cédula. Tuve que ir donde un jefe con menos cara McDonalds a llorarle que no la tenía, que parecía que la perdí y el hombre se compadeció después de que casi le moqueo el escritorio.

Terminó el trámite y de vuelta a correr al Metro porque tenía que llegar al Registro Civil antes que lo cierren y se me venzan los plazos. Entro al Metro, busco la tarjeta para poder cruzar y ¿qué encontró el arol en el bolsillo de su chaqueta? Siiii, señores, sí; en el puto bolsillo se había “metido” la cédula.

De nuevo el viajecito como sardina, salgo y tengo que caminar casi perdido 8 cuadras de más por no haber encontrado la calle. Al fin, llego al Registro Civil y veo un cartelito; nada de vuelva más tarde, entre por esta o aquella puerta, noooo, un cartelito que decía “Paro por tiempo indefinido” y el arol que puteaba de lo lindo.

– ¿Están en paro? – fue la pregunta más idiota que hice en los últimos meses

– Sí

– Chutas, toy cagau

– Mire, creo que la oficina de Ñuñoa atiende

– Ahhh, genial, mi salvoconducto … ommmm… ommmm, vamos pa allá ommmm

Y de nuevo camino al Metro hasta que voy cruzando por una calle y se me atraviesa un motoquero y un auto delante de él que frena. El motoquero baja y empieza a putear a la mina del auto, la putea, le manda unas cuantas patadas a la puerta que queda como lata de durazno usada y la tipa que sale a correrlo, no lo atrapa y me mira

– Ayyy, espereme un poquito que voy a llamar a Carabineros por favor

– Señora, si su día es malo el mío tiene olor a mier-d-a. No me joda

Y de nuevo metido en el Metro, después la micro y voy llegando al único Registro Civil de Santiago que funciona y todo me parecía raro. Al menos cuatro patrulleros de los pacos, unos cuatro canales de televisión, un fotógrafo arriba de un camión buscando sensacionalismo y un montón de esas cosas que parecen personas y que se llaman periodistas.

Ya… ommmm, ommmm, hagamos la cola a las 10 de la mañana. Sigo la cola, y sigo, y el arol que sigue buscando el final hasta que tres cuadras después encuentra el final y da con una vieja que dice “parece que ya no atienden tanto y si no entramos antes de la 1 ya perdimos”.

No me daba el tiempo, así que salgo rumbo a la oficina. Paro una micro y ahí lo veo: un chofer regordete con cara rosada, bigotito de gigoló y cara de haber tenido sexo mañanero con alguien que no era su esposa. La radio de la micro a todo cagar de volumen y el gordito que canta. No era Judas, no era Janis, ni siquiera era Soda o The Police… noooo, era un cebollero mexicano del que no me acuerdo el nombre pero que se parece a Jesús.

– Oiga, me baja el volumen por favor

– Siéntese atrás que se escucha menos

– No quiero

– Yo tampoco

– Andá a cag-a-r entonces

Y me senté atrás porque era gordito pero también era grandote y si bien andaba ommmm, no soy tan bol-u-d–o.

Al fin en la oficina, acá todo debería estar más tranquilo, haré como que trabajo un rato y después me voy a casa.

– Mi jefe simpático y falso como sonrisa de político me saluda hasta que llega su jefe: el dueño del circo.

– Oigan, tenemos que reunirnos

– No puedo

– Por qué

– Porque tengo que trabajar

– Yo también y tengo que viajar

“Y a mi qué me importa” (eso sólo lo pensé) hasta que convencí que yo no era necesario ahí y ahora me tomo mi coca (no la línea, sino la bebida) y voy a tratar de pensar en positivo… en positivo arol


Ooommmm ommmmm oommmmm-i-i-i-e-r-r-r-r-d-d-a-a-aaaaaa

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About Arol

escribo en elblogdeviajes.com

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