Niñetes abrigados

Abrigado hasta la lengua
Cuando llega el invierno me doy cuenta que los niños no sufren de frío, sufren de madre. Y es que los pobres mediometros con piernas quieren andar libres, pero ¡no! no es posible porque tienen una señora en casa que lo primero que les dice es “si no te abrigas no sales a la calle”. Así que allí comienza la travesía abriguística.
El pequeño agarra un jersey y se lo pone con cara de morder a alguien, pero la madre llega y se lo quita para vestirlo como el frío manda:
Comienza con dos calcetines finos debajo de los calcetines gruesos; sigue con dos camisetas, porque insiste en que con una no alcanza y menos si encima lo forran con dos jersey, una chaqueta por si llueve, la bufanda de la abuela que deja ver los ojos y un gorro con pompón para reconocerlo.
Conclusión: el niño sale tan lleno de ropa con una rigidez que más que un pequeñejo parece la estrella del arbolito de navidad, muy propicio para la época.




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