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Por estos días de invierno estoy lleno de mocos, hay algo que araña en la garganta y la voz se contrae producto de que alguien en un ascensor, en el bus o en cualquier parte de la calle soltó un poco de bichitos para que me dé una típica enfermedad de invierno. Pero como no me gusta enfermarme (y casi nunca lo hago) he decidido volver a mis pastillitas argentinas. El peculiar nombre no es porque vengan importadas desde el país del asado y el tango, sino por su color que hace, creo yo, que pensemos que allá en el sur ahora hace calor y no hay mocos ni enfermedades de bufandas.

Pastillas argentinas
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